Aquel poeta no llegó nunca
a publicar sus obras completas:
cuando era colegial
los maestros le robaron muchas metáforas,
cuando adolescente,
no tenía confianza en lo que escribía;
de joven tuvo que dedicarse
a dialogar con buriles, arcos eléctricos,
limas y martillos.
Después, rellenó miles de albaranes
- de colores, eso sí -.
Más tarde, cuando se jubiló,
le dio en pensar que morirse
era un trámite cercano,
inexorable,
para cuyo cumplimiento
nadie le iba a exigir
que presentase,
en la inexistente "ventanilla correspondiente",
sus inacabados poemas,
sus obras completas,
sus rotos endecasílabos...
(Del poemario inédito "Cuadernos Incompletos". A. Velasco, Madrid, 1997-1998)
viernes, 7 de noviembre de 2008
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