viernes, 13 de febrero de 2009
martes, 25 de noviembre de 2008
Nostalgia...¿o tiempo perdido?
Escuchando unas cintas ( no hablo del paleolítico, no) me encuentro con unas voces de personas, algunas de las cuales ya han muerto y otras son, es cierto, muy mayores. En ellas escucho unas entrevistas a un joven poeta, a un dirigente del partico Comunista Español (PCE) y a quien entonces era su compañera, su mujer, y gran mujer a quien yo conocí como mujer de preso político, como título honorífico, que luchaba para que las cosas cambiasen y se devolviese a su marido a la vida de la que estuvo excluido durante 26 años. Veniseis años que ella sufrío también y durante los cuales a demás de criar a sus dos hijos, lucho infatigablemente por el fin de la dictadura...aquella dictadura que ho nos parece tan lejana y que, sin embargo, su voz me la hace sentir tan cerca.
También escucho en otra cinta de la misma época, la disertación sobre economía a unas preguntas que yo le realicé, al catedrático que aun vive...
Y en otra cinta oigo una vez más las palabras de Salvador Allende: sus últimas palabras desde el palacio de la Moneda, en Chile, poco antes de morir.
No sé, si como dijo alguien la nostalgia es un error. Sí sé que escuchar estas cintas me ha transportado a un tiempo...y a un espacio en que las cosas, la vida, estaban llenas de esperanza.
Y no puedo dejar de pensar con pena en ella, aquella mujer fuerte y luchadora ,que murio sin haber disfrutado de la vida.
Este comentario que hago aquí hoy no creo que le interese a mucha gente. Es lógico: ha pasado mucho tiempo y, además es triste...
Seguiré conservando las cintas...quizá alguien, alguna vez, desee escuchar un trozo de tiempo ido, de historia con minúsculas, de vida encerrada gracias a una tecnología, que, también ella, se ha quedado obsoleta.
( Y la vida ¿Queda también obsoleta? )
También escucho en otra cinta de la misma época, la disertación sobre economía a unas preguntas que yo le realicé, al catedrático que aun vive...
Y en otra cinta oigo una vez más las palabras de Salvador Allende: sus últimas palabras desde el palacio de la Moneda, en Chile, poco antes de morir.
No sé, si como dijo alguien la nostalgia es un error. Sí sé que escuchar estas cintas me ha transportado a un tiempo...y a un espacio en que las cosas, la vida, estaban llenas de esperanza.
Y no puedo dejar de pensar con pena en ella, aquella mujer fuerte y luchadora ,que murio sin haber disfrutado de la vida.
Este comentario que hago aquí hoy no creo que le interese a mucha gente. Es lógico: ha pasado mucho tiempo y, además es triste...
Seguiré conservando las cintas...quizá alguien, alguna vez, desee escuchar un trozo de tiempo ido, de historia con minúsculas, de vida encerrada gracias a una tecnología, que, también ella, se ha quedado obsoleta.
( Y la vida ¿Queda también obsoleta? )
sábado, 15 de noviembre de 2008
Paradigma para unos "racimos"
Afirmó categórico: " el placer es la ausencia de dolor".
Sus amigos, jóvenes y hedonistas, le contestaron, por correo electrónico unos, por carta los más mayores en edad, saber y gobierno, que estaba absolutamente equivocado; que el placer no podía ser la ausencia de algo sino la presencia de algo, y que había que ser muy simple para proponer como nuevo paradigma el reflejado en el mail que les había remitido a todos ellos durante un mes seguido y a la misma hora aproximadamente : las 3,30 horas a.m.
No quiso polemizar y las respuestas recibidas le sirvieron para averiguar que ninguno de sus amigos se encontraba entre el o,o5 % de la población que cada otoño, poco después de que la vendimia hubiese concluido, recibía, bien embalado en papel de seda negro y sin remitente, un racimo durante tres meses, todos los días y sobre las 3.30 horas a.m.
Tuvo la tentación de cambiar de amigos ya que aquellos, pensó, nunca podrían entender lo que su paradigma respecto del placer quería significar. Pero consideró que buscar nuevos amigos - y además familiares: mujer, hijos etc.- entre el o,o5% de la población no era tarea fácil. Y finalmente, concluyó para sus adentros, que al fin y al cabo era más dificil encontrar nuevos amigos y los otros etcéteras referidos, que cambiar de paradigma.
A partir de ese momento se dedicó a buscar al ignorado remitente que todos los otoños, tras la vendimia, le enviaba racimos envueltos en papel de seda negro, para decirle, por las buenas o por las malas, que le dejase en paz.
Aún está en ello.
El ignorado remitente sigue sin aparecer.
Y su paradigma, claro, sin hacer fortuna entre sus amigos.
Sus amigos, jóvenes y hedonistas, le contestaron, por correo electrónico unos, por carta los más mayores en edad, saber y gobierno, que estaba absolutamente equivocado; que el placer no podía ser la ausencia de algo sino la presencia de algo, y que había que ser muy simple para proponer como nuevo paradigma el reflejado en el mail que les había remitido a todos ellos durante un mes seguido y a la misma hora aproximadamente : las 3,30 horas a.m.
No quiso polemizar y las respuestas recibidas le sirvieron para averiguar que ninguno de sus amigos se encontraba entre el o,o5 % de la población que cada otoño, poco después de que la vendimia hubiese concluido, recibía, bien embalado en papel de seda negro y sin remitente, un racimo durante tres meses, todos los días y sobre las 3.30 horas a.m.
Tuvo la tentación de cambiar de amigos ya que aquellos, pensó, nunca podrían entender lo que su paradigma respecto del placer quería significar. Pero consideró que buscar nuevos amigos - y además familiares: mujer, hijos etc.- entre el o,o5% de la población no era tarea fácil. Y finalmente, concluyó para sus adentros, que al fin y al cabo era más dificil encontrar nuevos amigos y los otros etcéteras referidos, que cambiar de paradigma.
A partir de ese momento se dedicó a buscar al ignorado remitente que todos los otoños, tras la vendimia, le enviaba racimos envueltos en papel de seda negro, para decirle, por las buenas o por las malas, que le dejase en paz.
Aún está en ello.
El ignorado remitente sigue sin aparecer.
Y su paradigma, claro, sin hacer fortuna entre sus amigos.
martes, 11 de noviembre de 2008
lunes, 10 de noviembre de 2008
Autoengaño
El día que Luis Antonio decidió engañarse asi mismo tomó un desayuno ligero. Después de ducharse-siempre lo hacia así: primero desayunar, luego ducharse-, se puso su mejor ropa y se dirigió a la calle pensando que cuando uno está dispuesto a engañarse asi mismo, no hay nada que pueda impedírselo.
Cuando se vio reflejado en los espejos del escaparate de la tienda de lencería de la calle más pija de la ciudad (que naturalmente era la más cara), observó su aspecto: elegante, alto de 1.85, bien peinado, a la moda y rodeado todo él, toda su figura, de prendas delicadas, íntimas, femeninas, le dió un subidón de autoestima como hacia tiempo que no recordaba.
Entró seguro de sí mismo y mirándole a los ojos a la atractiva dependienta, y sin más rodeos que un educado "buenos días señorita" pidió un conjunto de ropa interior para su novia "una mujer -describió- de, aproximadamente, su misma edad, talla 95, copa B, 165 de estatura"... y algún etcétera más que fue surgiendo en función de las preguntas que la atractiva dependienta le fue haciendo. "¿color?, preguntó la guapa. " Tres colores, uno negro, otro rojo y un tercero rosa-palo"
Salió de la tienda encantado de haberse atrevido y con los ojos de la guapa dependienta clavados en su nuca ( en realidad, y eso él no lo pudo ver, clavados en la nueva clienta que se cruzó con él en la puerta).
Deambuló todo el día por el parque del Buen Retiro y el Madrid de los Austrias y hacia las 8 de la tarde se metió en la filmoteca donde vio, otra vez, Ladrón de bicicletas, de un neorealismo que ese día le pareció, poco neo.
Antes de irse a su casa se comió un bocadillo de calamares y un pincho de tortilla, bebió dos cañas y no quiso tomar café por si acaso no dormia. Ya entrada la noche llegó a casa con la sensación de que había cumplido el objetivo. Sólo un par de detalles más y se habría engañado asi mismo como había premeditado hacer por la mañana.
Sacó el pijama de seda, regalo que le había hecho su madre hacia ya algunos años, y se dirigió al baño. Allí, delante del espejo compuso el mismo gesto que recordaba haberse visto en el escaparate de la lencería y guiñándose un ojo asi mismo se dijo en voz no muy alta:"Ahora sólo necesito rellenar los tres conjuntos: el rojo, el negro y el rosa-palo, pero eso, añadió, lo haré mañana, ya tengo las medidas. He sido capaz de tomar las medidas adecuadas". Y se durmió. Y soñó.
Al día siguiente, peor trajeado, sin afeitar y habiendo desayunado otra vez ligero, se dirigió, como acostumbraba desde hacia 10 meses a la oficina del INEM. Al llegar vio en un cartel rojo, el logotipo de una institución oficial donde podía leerse algo asi como "LA SUMA DE TODOS".
Eso fue lo único que le llamó la atención, la única novedad que reconoció, lo único que había cambiado desde la última vez que él había tenido que visitar la oficina de desempleo, cuando se había autoengañado por primera vez dicéndose para sí que, lo de parado, sería cosa de un par de meses.
Después de sellar el boletín de parado se dirigió a la calle Martínez Campos. Allí, luego de esperar otra vez en una cola de personas que como él tenían cara de autoengañados, le dierón de comer, caliente y gratis, por vez primera en su vida.
Si el día anterior no se hubiese permitido inventarse una novia de 1.65 de estatura, castaña con ojos color de almendra, 95 de talla de pecho y copa B, y como consecuencia del "invento", no la hubiese comprado tres conjuntos de "monísima lencería" en palabras de la guapa dependienta, el dinero que empleó en ello le hubiese dado para comer sin necesidad de la caridad, para unos cuantos días, quizá para algún mes.
Es lo que tiene de malo lo de autoengañarse, pensó.
Cuando se vio reflejado en los espejos del escaparate de la tienda de lencería de la calle más pija de la ciudad (que naturalmente era la más cara), observó su aspecto: elegante, alto de 1.85, bien peinado, a la moda y rodeado todo él, toda su figura, de prendas delicadas, íntimas, femeninas, le dió un subidón de autoestima como hacia tiempo que no recordaba.
Entró seguro de sí mismo y mirándole a los ojos a la atractiva dependienta, y sin más rodeos que un educado "buenos días señorita" pidió un conjunto de ropa interior para su novia "una mujer -describió- de, aproximadamente, su misma edad, talla 95, copa B, 165 de estatura"... y algún etcétera más que fue surgiendo en función de las preguntas que la atractiva dependienta le fue haciendo. "¿color?, preguntó la guapa. " Tres colores, uno negro, otro rojo y un tercero rosa-palo"
Salió de la tienda encantado de haberse atrevido y con los ojos de la guapa dependienta clavados en su nuca ( en realidad, y eso él no lo pudo ver, clavados en la nueva clienta que se cruzó con él en la puerta).
Deambuló todo el día por el parque del Buen Retiro y el Madrid de los Austrias y hacia las 8 de la tarde se metió en la filmoteca donde vio, otra vez, Ladrón de bicicletas, de un neorealismo que ese día le pareció, poco neo.
Antes de irse a su casa se comió un bocadillo de calamares y un pincho de tortilla, bebió dos cañas y no quiso tomar café por si acaso no dormia. Ya entrada la noche llegó a casa con la sensación de que había cumplido el objetivo. Sólo un par de detalles más y se habría engañado asi mismo como había premeditado hacer por la mañana.
Sacó el pijama de seda, regalo que le había hecho su madre hacia ya algunos años, y se dirigió al baño. Allí, delante del espejo compuso el mismo gesto que recordaba haberse visto en el escaparate de la lencería y guiñándose un ojo asi mismo se dijo en voz no muy alta:"Ahora sólo necesito rellenar los tres conjuntos: el rojo, el negro y el rosa-palo, pero eso, añadió, lo haré mañana, ya tengo las medidas. He sido capaz de tomar las medidas adecuadas". Y se durmió. Y soñó.
Al día siguiente, peor trajeado, sin afeitar y habiendo desayunado otra vez ligero, se dirigió, como acostumbraba desde hacia 10 meses a la oficina del INEM. Al llegar vio en un cartel rojo, el logotipo de una institución oficial donde podía leerse algo asi como "LA SUMA DE TODOS".
Eso fue lo único que le llamó la atención, la única novedad que reconoció, lo único que había cambiado desde la última vez que él había tenido que visitar la oficina de desempleo, cuando se había autoengañado por primera vez dicéndose para sí que, lo de parado, sería cosa de un par de meses.
Después de sellar el boletín de parado se dirigió a la calle Martínez Campos. Allí, luego de esperar otra vez en una cola de personas que como él tenían cara de autoengañados, le dierón de comer, caliente y gratis, por vez primera en su vida.
Si el día anterior no se hubiese permitido inventarse una novia de 1.65 de estatura, castaña con ojos color de almendra, 95 de talla de pecho y copa B, y como consecuencia del "invento", no la hubiese comprado tres conjuntos de "monísima lencería" en palabras de la guapa dependienta, el dinero que empleó en ello le hubiese dado para comer sin necesidad de la caridad, para unos cuantos días, quizá para algún mes.
Es lo que tiene de malo lo de autoengañarse, pensó.
domingo, 9 de noviembre de 2008
Respondiendo a Elena
Querida: Yo sigo siendo el que tú conocisté. ¿te parecí homo en algún momento? pues eso...
Mi amigo Juan Antonio sí es homo y tiene todo el derecho a despedirse como le de la gana de mi. ¿Estás de acuerdo verdad?
No me extraña que no hayas entendido lo del juez y el policia...yo
tampoco, pero la mujer del juez, sí es cierto que murió víctima de un destilado que ingirió. Así murió también el juez, su marido. Y sé, porque me lo contó él mismo, que el policía tiró una bolsita parecida o igual a esas del tee o la manzanilla, en el retrete de unos juzgados.
Comprenderás que no te diga en que Juzgado se produjo. Sí te puedo decir que tú has estado en él alguna vez...
Te besa con pasión..., el Ángel Caído. Tuyo siempre Sulfur (o azufre. Muy bien tu latín).
Mi amigo Juan Antonio sí es homo y tiene todo el derecho a despedirse como le de la gana de mi. ¿Estás de acuerdo verdad?
No me extraña que no hayas entendido lo del juez y el policia...yo
tampoco, pero la mujer del juez, sí es cierto que murió víctima de un destilado que ingirió. Así murió también el juez, su marido. Y sé, porque me lo contó él mismo, que el policía tiró una bolsita parecida o igual a esas del tee o la manzanilla, en el retrete de unos juzgados.
Comprenderás que no te diga en que Juzgado se produjo. Sí te puedo decir que tú has estado en él alguna vez...
Te besa con pasión..., el Ángel Caído. Tuyo siempre Sulfur (o azufre. Muy bien tu latín).
Colaboradores. Elena (2)
PÁJARO Y BESO DE JUAN ANTONIO
Querido Sulfur ( por cierto no sé porqué te haces llamar así, a mi me gusta más lo de Ángel, ¿ o tiene que ver con lo de Ángel Caido -Lucifer-?, lo digo por que Sulfur, hasta donde llegan mis conocimientos de latín, quiere decir azufre...):
estoy siguiendo tu blog. Ya te haré algún comentario respecto de algunas cosas, como por ejemplo ¿Quién es el asesino ?. No lo entiendo: ¿es el policía? Pero hoy te escribo por lo siguiente: me ha llamado la atención que juan Antonio, a quien no conozco y se dice tu amigo, se despida de ti con un beso...¿ es que eres homo?...acláramelo, no es que me importe...es curiosidad.
Elena, un besazo muuuuuuaaaaaa.
Querido Sulfur ( por cierto no sé porqué te haces llamar así, a mi me gusta más lo de Ángel, ¿ o tiene que ver con lo de Ángel Caido -Lucifer-?, lo digo por que Sulfur, hasta donde llegan mis conocimientos de latín, quiere decir azufre...):
estoy siguiendo tu blog. Ya te haré algún comentario respecto de algunas cosas, como por ejemplo ¿Quién es el asesino ?. No lo entiendo: ¿es el policía? Pero hoy te escribo por lo siguiente: me ha llamado la atención que juan Antonio, a quien no conozco y se dice tu amigo, se despida de ti con un beso...¿ es que eres homo?...acláramelo, no es que me importe...es curiosidad.
Elena, un besazo muuuuuuaaaaaa.
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